Feeds:
Entradas
Comentarios

La mitad de mi sonrisa

Mi tesoro

Mi tesoro

Desde que era un puntico minúsculo en la barriga de su madre ya sabíamos que cambiaría el mundo. Creció, creció y nació, y la vida comenzó a girar en torno a su dicha. Dice que se llama Isa…bela, así, con la pausa, porque está aprendiendo; dice que es “la niña de tía”. Es cierto.

Cuando la tuve por primera vez en brazos, apenas unas horas después de su nacimiento, intuí que cuando dijera la palabra mágica podría lograr casi cualquier cosa. Tenía razón. Mi niña usa y abusa de su poder y yo me río y la dejo. Hay una mezcla de asombro y algo de celitos en el tono de su abuela cuando asegura: “Esta niña se pasa el día “tiando”. Continuar leyendo »

Necesidades

«En unos días estoy ahí. Dime qué necesitas».

Las letras llegan como ritual de los afectos. Podría haber hecho una larga lista, pero con la economía de palabras del cariño sincero escribí solo dos cosas.

Desde la mesita de noche un libro calma ansiedades, me lleva de nuevo a París. No voy sola y es lo mejor del trayecto. La Maga hace magia. Cortázar con sus armas me rinde…

Del otro lado de la línea telefónica mi Isa me cuenta su día… « Tía…pillo… boca», me dice. Traduzco: « Tía, el cepillo para lavarse la boca…». Sonrío. Los utensilios del ritual mañanero, que no suele ser agradable para los niños, fueron especialmente pensados para ella.Me pensaron a mí, completada en su alboroto.

Ella disfruta aprender a cepillarse los dientes, que le van brotando de a poco. Voy más tranquila, anclada en mi mundo.

«Rayuela y pasta dental infantil, por favor, por favor», respondí.

No hizo falta más.

Cuentas claras...

Cuentas claras…

Era tarde. A ella se le cerraban los ojos. Tenía la comida caliente y solo faltaba freír un plátano cuando la reja lo anunciara. Lo llamó. Ya estaba en camino. No comería, pero adoraba sentarse a la mesa, subir los pies en su silla, mirarlo disfrutar su cena y conversar largo, sin importar la hora.

Tendría que contarle el susto. Habría que revisar bien la casa, tomar medidas.

Cuando lo escuchó, salió a su encuentro. Las manos al cuello, el beso urgente… En menos de un segundo, él ya la sostenía en sus brazos. Refunfuñó, como siempre, sin poder disimular el gusto por sostener sus huesos: “Bájate, malcriada”. Continuar leyendo »

Domingo: Sandunguera

Tiene que estar amaneciendo y ellos ya están despiertos. ¿Por qué gritan? No es posible. Necesito dormir.

¡Gordo, bájame un cigarro! ¡Adrián, búscale la pelota al niño! ¡Jonathan, no jodas más!!!

Los escucho como si estuvieran dentro de la habitación, pero se supone que viven en el edificio de al lado. Listo. Me convencieron. Alargo la mano miro la hora, 8.00 am y llevan más de una hora escandalizando.

Quería dormir cinco minutos más. ¿Qué ha pasado hoy? A veces, muy pocas, lo sé, se quedan calladitos. Hago pucheros, pero el sueño no va a volver. Salgo de la cama y solo pienso en café con leche.

Creo que ahora que ya me levanté mis vecinos se fueron a la cama.

Tengo ganas de… Continuar leyendo »

El leguaje del cariño

El leguaje del cariño

Esa semana anduvo de un lado a otro. Un «paquetico» debe ser compacto y ligero para ocupar el menor espacio y peso posible en el equipaje ajeno. Cuando iba a cerrarlo le pareció escuchar el rumor del mar y presagió su  sonrisa . No lo pensó dos veces, la colocó con cuidado y se dijo seguro: ¡Esto le va a gustar!

Luego envió un aviso de tiempos modernos: “Te mando unas cositas, pero no todas son para ti, a ver si adivinas”.

El resto de los días fueron de ansiedad. Continuar leyendo »

Cake de nata

Foto: Roly´s Bakery

Foto: Roly´s Bakery

¿Pero si todavía no he comenzado por qué tú lloras?

El doctor no podía entender aquellas lágrimas silenciosas. Ella, vestida de azul, ni siquiera valoró la posibilidad de responderle. No hubiese entendido y solo quería salir de allí.

Lloraba aferrada a una foto de su abuela oculta en el pecho, a la mano que sostenía la suya y que apretaba tanto como le daban sus fuerzas. No se movía, parecía ausente, solo se derramaba entre el dolor y un miedo atroz.

No llores más, muchacha… Ya terminé.

Cuando el doctor le dijo que se había portado muy bien, no lo escuchaba. Solo quería salir de allí. Afuera él, con el pulóver naranja, la esperaba. Caminó hasta su abrazo en busca de alivio. Él la sostuvo por la cintura, secó sus lágrimas a besos, pero no fue suficiente. Por primera y única vez sus labios no fueron el bálsamo necesario. Recostada a su hombro salieron a la calle. Continuar leyendo »

Para Ta Clemente, ese viejo que no conozco

Lo que dura un tabaco encendido

Lo que dura un tabaco encendido

Habla en un idioma medio raro, se empina una botella de ron como si fuera agua, fuma un tabaco con el gusto de otras épocas. Me mira y no sé lo que ve. Habla. Lo escucho. Me dice que tengo que escribir, que cuente esa historia, esa que tengo en la cabeza. Tengo que dedicarle ese otro libro.

Dice que yo no lo conozco. Es cierto. Pero solo me va a decir una cosa, aunque dice más. Me pregunto de dónde ha venido, por qué me habla a mí. Son sílabas que no se juntan, palabras que no llegan a ser. Me quedo quieta. ¿Dónde estoy? Continuar leyendo »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.188 seguidores

%d personas les gusta esto: