
La G de esta N me prometió llevarme un tambor. No dio tiempo. Por eso este es parte de un sueño.
Vestidos como reyes llegaron en los brazos de los hombres que los hacían estallar en múltiples sonidos. Quedaron en un rincón hasta la hora señalada y mientras la gente andaba en sus diversos dramas, los tambores se preparaban para bajar el mundo a los pies de simples mortales.
Las manos se elevaron al cielo y aquellos negros hicieron los suyo. La tierra tembló desde el primer repique. Bajó el sol. Cuando comenzaron a cantar en la lengua de los santos africanos, en toda aquella sabana solo se escuchó la voz yoruba. Continuar leyendo »








