Ni se te ocurra. No puedes. Sigue derecho hasta el mercadito. No te pares. No mires, no mires…
- Buenas tardes. ¿Tiene café instantáneo?
- No
- ¿Sabe dónde puedo encontrar?
- No
En la planilla de solicitud de un trabajo para dependiente de cualquier establecimiento, no importa si es en MN o CUC, los aspirantes seguro aceptan una cláusula que les impide ser atentos con los clientes, hacer bien su trabajo. Y lo cumplen sin miramientos, ni excepciones…En fin. Media vuelta.
De regreso por el mismo camino, otra vez la lucha interna.
No mires, que luego no tienes dinero para comer algo y te quedan muchas horas de trabajo, dice la voz que me atormenta desde que llegué a la Terminal de Ómnibus en busca de la otra mitad del desayuno. Pero los libros ganan y me digo que solo echaré un vistazo, porque seguro no aparece nada interesante y si hay algo, lo dejo para cuando cobre el próximo mes. Un buen plan.
No más entrar y ahí estaba Aitana. Entonces supe que no comería nada hasta que cerrara la edición de JR, que Aitana se iría conmigo.
El texto que me enamoró no solo tiene un nombre hermoso, sino que venía con pedigrí: Premio La Edad de Oro 2009. Lo quise para ella. Me gustó la dedicatoria de su autor, Leonardo Gala Echemendía (Ciudad de La Habana, 1972). Justo en la primera página: “Para mi pequeña Smila. Por los juguetes que quisiera regalarle”.
Aitana me rindió rápido. Me tuvo pegada a sus 61 páginas durante dos tardes. Ocupó sitio en la mesita de noche, encima de la novela La muerte de una heroína roja. En la página 35 se lee una frase estremecedoramente contundente y conmovedora: “Aitana ya es su sueño hecho realidad”. Es cierto.
La ingeniosa historia se quedó con muchos de los mejores estremecimientos de nuestro tiempo a solas. Qué importa que no tenga café instantáneo para la leche mañanera, que haya librado una fuerte batalla interna, con tortura extra para la panza, solo por quedarme con Aitana. Todos y cada de los azares que me llevaron hasta ella, por suerte, terminaron en sonrisa. Me gustó.
No adelanto nada, solo dejo la frase final, inspiradora del tierno guiño de la certeza. Si la encuentran por ahí, déjense llevar. Ríndase.
“Llegan a la salida, y la niña se vuelve. Las luces lejanas de la Convención Tecnológica hacen brillas sus ojos infantiles.
- … también quisiera que siempre estés en mí… Aitana… ”


linda lectura? Nunca es malo sacrificar alguna cosita para comprar un libro ♥
Saludos.
Rom
Me hubiese visto en tu misma disyuntiva y al final también me quedaba con el libro y la panza vacía. Ya estoy ansiosa por llegar a Cuba para comprarlo. Espero verte pronto.
Un beso enorme.
Isilda
Precioso el libro. Precioso el regalo.