No necesitan demasiadas palabras. No saben mentir. Dicen te quiero espontáneamente, como si las palabras que lo arreglan todo les brotaran incontenibles de un límpido manantial.
Intuyen, saben, abrazan mejor que nadie. Lo inundan todo con sus risas, gritos, carreras, majaderías. Hacen magia con las ternuras, invitan a jugar, cuentas historias increíbles, te adoptan sin saber que lo necesitas. Atrapan.
“Joden como loco”, diría algún adulto resabioso. Y un poco sí, pero son auténticos. En la casa que vio nacer a sus padres, que giran alrededor de sus mundos sanos, felices y despreocupados; no necesitan a Harry Potter para los hechizos: conocen sus secretos. Son dueños de la mejor varita mágica del universo… (more…)





