La página en blanco me mira. Yo la miro a ella. Tenemos una cita pactada. Ya es hora. Esperan por mí y por ella, o yo me lo invento para ponerle más dramatismo al asunto.
No escribo nada. Todavía armo párrafos en la cabeza y no me atrevo a teclear. En ese punto quisiera ser cosmonauta. Al menos la presión sería otra. ¿Igual de agobiante? No sé. Doy vueltas. Me detengo en algún detalle del entorno. Tengo que escribir, pero no quiero.
El vacío me agobia. Mientras me decido a lanzarme de cabezas al abismo, pareciera que los objetos a mi alrededor se confabulan para distraerme. Pienso en las historias de que están hechos, esas que los hacen únicos en mi espacio vital, y me dan ganas de contarlas.
De eso sí me gustaría escribir… o es solo un pretexto para mirar de reojo al documento Word, levantarme a tomar agua o a sacudir el mueble aquel (de pronto tiene una manta de polvo horrible … ¿por qué solo ahora reparo en ella?)
Vuelvo a sentarme en la silla (hoy está más incómoda que nunca), ya voy a escribir la primera oración, a fin de cuentas, tengo cosas que decir,creo en ello, pero otra vez levanto la mirada.
Allí están. Me cuentan de cómo llegaron a los rincones que ocupan, de mis caras cuando los tuve por primera vez en las manos, de mi obstinación porque ocupen “su puesto”…
Los 12 budas sonrientes —primeros adornos que compré en Beijing—, las muñecas chinas, y los faroles, también chinos, que le regateé a aquel vendedor el 14 de febrero de 2008; mi música y las películas favoritas, las velas (me gustan las velas), la flor de papel regalo de Roly, Mafalda, el campesino con su tabaco, obra original de Fúster, el oso de peluche con el que me sorprendió Nina el día de nuestra graduación en el Aula Magna de la Universidad de La Habana; aquella imagen del Templo del Cielo y la otra la calle principal del antiguo Pingyao, tomada el 30 de junio de 2007, la bandera cubana que sostuve durante todo el desfile por el aniversario 50 de la victoria de Girón… Fragmentos de vida, un tiempo.
Me gusta escuchar sus fábulas una y otra vez. Intento la paz cuando les digo que ya contaré sobre cada uno, pero ahora debo teclear el comentario para JR. Hacen silencio.
Vuelvo a la página en blanco. La miro desafiante. Con la primera palabra llega la primera oración, el primer párrafo…luego todo fluye como si el texto siempre hubiera estado ahí. ¡ ¿Para qué tanto lío?!
Todos los objetos de mi mundo son cómplices. Tendré que cumplir la promesa. Cuando escribo pareciera que me entretienen (¿o en verdad lo hacen?), pero se convierten en inspiración.
Levanto la vista otra vez y con el suspiro aliviado llega la algarabía, los guiños de esos traviesos que me acompañaran hasta la siguiente batalla. Se repetirá el rito, estarán ahí.








Me niego a creer que una página en blanco se te resista por mucho tiempo.
A veces, depende del tema. Pero siempre voy a la cita con la certeza de que ganaré esa batalla. Igual, siempre intimida,no importa cuánto tiempo haya pasado desde que alguien asegurara que ya era periodista. Por eso sigo siendo una aprendiz…
Nada ha cambiado….hasta el “carrito de la compra” sigue impávido en su esquina…
Tienes toda la razón. Bueno, algo sí cambió…el trapo de sacudir no llega con la misma frecuencia hasta ese mueble inmenso, a los budas a veces les pesa la sonrisa de tanto polvo. Cuando se ponen muy «pataletosos» voy hasta ellos, el resto del tiempo es muy por arribita, porque las citas con la página en blanco son casi diarias.
Ninita, me hiciste recordar a las largas noches en el laboratorio de la facultad, frente a la vacía pantalla del ordenador, para elaborar ya el primer borrador de la tesis de graduación…. Y al final la llenamos no sólo una sino 100 páginas… Estoy convencida de que siempre ganas esta batalla.
Te acuerdas? Qué locura aquellos, días, aquellas madrugadas interminables.Pero nos llevamos aquel 5 con felicitaciones y sobre todo, 8 años después, seguimos siendo las mismas y mantenemos la comunicación a pesar de las distancias. Te quiero mucho
Tampoco creo que te intimide y mucho menos que seas una aprendiz. Al menos no para mi.
Gracias, Yudi, a estas alturas los ánimos vienen muy bien.
Nyliam: Nunca saques bandera blanca frente a la página en blanco. Que se rinda ella; a ti no te hace ninguna falta.
Eso hago, Enrique. Pero a veces dan golpes bajos… De todas maneras, siempre gano la batalla. Me alegra mucho cuando miras estos Ojos y dejas tu huella.
Otro gallo cantaría, si en vez de una página en blanco, fuera “un págino”…
¿Por qué? Igual lo enfrentaría y seguro ganaría también. jajaja
Te debo la llamada… se me cae la cara (es que ya me comí la Nutella).
Soy una mala persona.
No eres una mala persona, solo una hermana glotona…jajaja. Llámame igual, no tiene que haber nutella por el medio.
vale, te llamo mañana, que hoy tengo francés
Espero. Te adelanto que te toca un regaño por haberte comido todo el chocolate sin compartirlo con tu hermana…jajaja
pero me queda peter… te guardo??
¿Qué tú crees? ¿Seguro que tengo que contestar esta pregunta?…jajaja