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Archive for the ‘Abrazos’ Category

¿Será?

Soñando despierta

 Soñando despierta

Durante las noches ella se cuela aquí y allá. Camina de puntillas de una cama a otra, no importan las distancias. Va, sin poder evitarlo, por terrenos desconocidos. La ven allí, aunque no esté. Vuela. A veces la dibujan feliz y es lo que importa.

Los delirios nocturnos de otros son deliciosamente caprichosos. Le han soñado todo lo que necesita y ella, que también “cree en las virtudes premonitorias de los sueños” siente la buena vibra. ¿Será? (más…)

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Brava

La papa: toda, toda, toda

Paciencia

Aprieta la boca, hace muecas, aparta el bocado con la mano. Con tía, dice.

Le hablo.

—Tía te carga y mamá te la da.

—A ver, mi Cocuyita, hay que comerse la papa.

—No quiero.

— ¡Mira, con tomate…!

— ¡No!

— ¿Y fritica sola…?

Hace un gesto con la mano. (más…)

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A salvo

“Este será nuestro secreto…”

Te arropo en mi pecho y te muestro el camino. Te quiero. ¿Ya te lo dije hoy, mi niño? No sé, no importa, te lo repito. Quizás no haya mayor verdad entre cielo y tierra y necesito que crezcas sabiéndolo, sobre todo, sintiéndolo, porque es cierto.

Verás que no hay sitio mejor para el descanso. Lo sé bien. No tengas miedo. (más…)

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Ella cuando me mira

Ella cuando me mira

Isa aprendió a susurrar. Entiende que un secreto solo se comparte con quien lo guardará. De pronto, sin que venga al cuento, lo deja todo y asegura que tiene uno muy urgente. Dramatiza un poco, se cuelga al cuello y muy cerca del oído, murmura lo necesario. Sus secretos llevan una voz especial. Le nacen, incluso, cuando el ritual está incompleto: los brazos no encuentran asidero y no hay un oído cerca. Debe imaginar que, de algún modo, esos detalles no son esenciales. Lo importante decir, tal vez piense.  Será que intuye que necesito saber o que hay palabras que uno necesita escuchar siempre. No sé.

Hay un secreto repetido con vehemencia, digamos, su favorito y, la verdad, el mío también. Otro, también reiterado, me estruja el alma.

Imaginen la voz sigilosa, pero a través del teléfono:

Secreto 1

Tía, “quero mucho”

—Cariño, tía también te quiere mucho. Voy pronto, tesoro. (Tía con la misma voz  de susurro)

Secreto 2

—Tía… cargue.

Silencio.

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…porque ellos no saben despedirse

Duele quedarse sin palabras

Duele quedarse sin palabras

Lo conozco. Sería capaz de detectar hasta un movimiento diferente en la décima pestaña de su ojo izquierdo. Lo sabe, se inventa mil disfraces para despistarme y apenas gana unos minutos. Cuando mi mejor amigo de toda la vida atraviesa el umbral de mi alquiler de turno y no se quita los zapatos o no me sienta de un “zarpazo” en la meseta de la cocina para ponernos al día, no importa que tretas utilice, el caos es inminente.

Lo dirá todo. Es cuestión de tiempo. Lo dejo dar vueltas, respondo las preguntas que suelta en ráfaga, en su intento desesperado por desviar la tensión: ¿Comiste? ¿Y ese termómetro? ¿Tuviste fiebre? ¿Por qué no me llamaste? ¿Y el libro? Respondo y lo sigo con la mirada. Me contengo. Espero. El susto ya me salta en el estómago.

Pueden pasar meses sin que nos veamos, llega y revisa todos los rincones para saber si estoy y estaré a salvo. El refrigerador es una parada obligada, la ruta de sus preocupaciones es siempre igual. Abre todas las gavetas ¿Pero ese paquete de hígado es el mismo de hace 6 meses? Sabe lo que voy a responder, pero sigue a la carga, como si tener algo de comida significara que voy alimentarme como él desearía.

“Esto parece una pista de aterrizaje, ahorita bajo a ver qué encuentro….”

Respiro resignada. Cuando sabe que no puede dilatar la tormenta, cuando no puede evitar más mirarme a los ojos, lo suelta. (más…)

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El leguaje del cariño

El leguaje del cariño

Esa semana anduvo de un lado a otro. Un «paquetico» debe ser compacto y ligero para ocupar el menor espacio y peso posible en el equipaje ajeno. Cuando iba a cerrarlo le pareció escuchar el rumor del mar y presagió su  sonrisa . No lo pensó dos veces, la colocó con cuidado y se dijo seguro: ¡Esto le va a gustar!

Luego envió un aviso de tiempos modernos: “Te mando unas cositas, pero no todas son para ti, a ver si adivinas”.

El resto de los días fueron de ansiedad. (más…)

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La novia de A….

Cuando nos presentaron reconozco que no tenía el mejor semblante. Estaba cansada, llevaba días sin dormir y había llorado a cántaros. Nada importante para él.Me miró, sonrió pícaro y seguro dijo para sí: “Esta es mi novia desde ya”.

¿Tú, no vas a darle un besito a la muchacha?, le preguntaron. Él dejó la moto y fue a entregar ese beso reparador de fuerzas, que borró las ojeras y secó el rostro. Desde entonces ha ido perfeccionando su estrategia de conquista, un “macho alfa” total. (más…)

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