Parecía que se había tragado una pelota. Su panza, su risa estruendosa y su manía de venir a llevarse a mi padre lo convertían en un “monstruo”, peor que el hombre del saco. Más que el famoso morral, tenía una frase macabra: “Me llevo a tu papá movilizado”. Seferino, el jefe del comité militar o de la zona, no sé, fue el terror de mi infancia.
Lo veía venir y temblaba. Como era evidente mi reacción y los adultos disfrutan ciertas torturas jocosas, siempre me decía que se lo llevaba, y a mi padre que fuera recogiendo la mochila, que más tarde lo pasaba a buscar.
Yo le ponía las peores caras, alguna vez le saqué la lengua, aunque después tuve que soportar el regaño; y cuando ya no tenía alternativas, levantaba la vista y le preguntaba a quien nunca me engañó: “¿Papi, verdad?”. (more…)










